sábado, 7 de noviembre de 2009

EL HOMBRE MÁS GUAPO QUE HE VISTO EN MI VIDA...



Al poco y a lo lejos vió que, por la playa, del sur hacia Puerto Viejo, venía caminando alguien. Cargaba una plancha de surf y parecía joven. Según se acercaba, lentamente, a Ariadna se le quedaban pegados los ojos a su forma, cada vez más nítida, cada vez más bella. Y su figura atraía, ocupaba los espacios, parecía surgir de la naturaleza. Algo mágico, especial, hacía que se callaran los pájaros, que se silenciara la selva. Tendría veintipocos años, era mulato y una cabellera rasta le caía rozándole los hombros. El pelo rubio y el cuerpo fuerte, musculoso y ágil tenía un atractivo irresistible.
Venía mirándolas y, cuando llegó a su altura, se paró en la orilla. La corta distancia permitía distinguir su carnosa boca y sus ojos verdes, grandes, expresivos y, como todos sus gestos, libres. Ariadna, intimidada, subía y bajaba la mirada sin saber dónde detenerse, pues cualquier lugar le hacía sentirse descubierta.
El joven la saludó con un hey y preguntó:
-¿Pura Vida?
Sin esperar demasiado una respuesta, en vista del visible aturdimiento de las dos amigas, dijo:
-Nos veremos luego en el pueblo, ok? Y bienvenidas.
Se despidió con la mano y con otro, esta vez afirmativo, Pure Life! See you later!
Ariadna se quedó callada, la boca entreabierta, mirando descarada el caminar rítmico que alejaba a aquella aparición de carne y hueso. Y parecía que el paisaje se abria para dejarle paso, que todo a su alrededor se movía en función de su ritmo, y atraía. Las pocas palabras habían dejado su voz de tonos graves y dulzura tranquila, pegada en los rincones de los oídos de Ariadna. Y ya lejos su cuerpo, perduraban su sonrisa y su mirada en las retinas de Ariadna.
También Virginia se había quedado en silencio, mirando al horizonte, hipnotizada.
-¿Lo has visto bien? -acertó a preguntar Ariadna al rato, incrédula-. ¿Estoy loca o era el hombre más guapo que has visto en tu vida?
Virginia empezó a reír asintiendo, mientras Ariadna se tiraba al agua y empezaba a mojarse la cara, como para despertar de un sueño, y a pellizcarse las mejillas con gestos de sorpresa.
Ariadna se quedó en silencio por un rato. Su cabeza daba vueltas y su corazón latía. La belleza de aquella aparición trascendía la de sus formas perfectas. Había ocupado todos los espacios y dejado como una estela duradera en un aire que sentía su ausencia.
"Es el erotismo vivo, es la atracción pura, es perfecto y poderoso, es la encarnación de esta costa con todo su misterio. Mierda, a lo mejor no lo volvemos a ver", pensaba una Ariadna confundida, excitada y ansiosa.
-¿Qué te ha parecido el monstruo? -logró preguntar Ariadna tras un largo meditar solitario-. ¿Crees que lo encontraremos otra vez?
-Que sí, tonta, -le decía Virginia entre carcajadas-. Lo verás cada día en Standford y en el pueblo.
-¡Vamos al pueblo ya! ¡Se me ha desatado un hambre incontenible! -bromeaba Ariadna.
Y de pronto, mientras caminaban de vuelta al hotel, los pies sobre la arena caliente y blanca, el sol enorme y cayendo, tuvo la certeza de que no se iría de aquel país, de que no quería volver a sus rutinas, de que no quería más seguridades que la de volver a ver a esa aparición decisiva, sensual y mágica. Porque acababa de decidir que se quedaría. Que apostaba por la vida y por sus riesgos, por no dar nunca marcha atrás, por seguir preparada y disponible para lo que quisiera un destino cargado de emociones.
Y sintió un escalofrío. Y una sensación de libertad, porque allí, en aquel momento, se acabaron sus dudas.
Iba a sentir la pura vida. Y a jugársela por ella.

LA CULPA




Esta semana he asistido a un curso sobre intervención con menores con trastornos de conducta, dirigido a profesionales que trabajamos en centros o en la calle con estos chavales.
En una de las exposiciones, la profesora quiso hacernos ver la influencia que un líder, alguien a quien se admira, se ama o simplemente se teme, puede ejercer sobre cualquier persona, con independencia de su edad, sexo o condición y puede llevarla a cometer actos que atentan contra su ética y moralidad. Nosotros, profesionales descreidos, de vuelta de todo, naturalmente, objetamos ante tal afirmación.
Es posible dicha influencia perversa en caso de jóvenes inmaduros, perdidos y manejables, pero no sobre una persona madura, que ha completado con éxito (o más acertadamente, que sigue una evolución favorable) en su desarrollo moral.
Para apoyar su teoría, nos presentó un experimento realizado en los años 80 (hoy día dicho experimento no se podría realizar) en universidades americanas y europeas (concretamente, visionamos el experimento que se llevó a cabo en la universidad de Madrid).
Consisitía en lo siguiente: Se publicaba un anuncio en un periódico solicitando voluntarios para participar en unas pruebas psicológicas que pretendían evaluar la memoria (ese era el cebo). Se pagarían 4 euros la hora a todo aquel que desease participar.
Entre toda la gente que se presentó, fueron seleccionados 5 voluntarios, todos ellos titulados universitarios, que en todo momento creyeron que eran en realidad 10 (contrataron a a 5 actores que se hicieron pasar por voluntarios).
Se hizo un reparto de papeles amañado de tal manera, que cada voluntario compartiría la prueba con un actor.
La prueba consistía en que el voluntario formularía una serie de preguntas al "actor", que tras memorizar las respuestas, debería contestarlas correctamente.
Si fallaba, el voluntario, debía presionar un botón que infligiría una descarga eléctrica sobre el otro. Ambos estaban sentados en la misma habitación, situados uno frente a otro y separados únicamente por un biombo transparente que permitía ver con claridad la silueta del otro y escuchar sus respuestas.
Para demostrar que las descargas eran reales, se pide al voluntario que pruebe en su propio brazo la máquina que él mismo iba a manejar.
Prueba la descarga, únicamente en su brazo y en su nivel de intensidad más bajo, lo que a todos ellos les hace padercer un dolor agudo e intenso que permite adivinar que el dolor que causarán a los otros (que no recibirán la descarga únicamente en ambos brazos, sino además en sus sienes y en un nivel de intensidad progresivamente mayor si no aciertan las respuestas) será insoportable en un nivel intermedio y totalmente inhumano en su nivel más alto)
Para darle las indicaciones precisas, se sitúa de pié, a la derecha del voluntario, un "investigador" ataviado con una bata blanca, que será el responsable de indicarle cuando debe formular la pregunta, cuando debe aplicar la descarga y cuando debe ir subiendo la intensidad de la misma.
Evidentemente, los actores, que no están conectados a la máquina infernal (aunque los voluntarios están convencidos de que sí), fallan todas las respuestas.
A la hora de aplicar la primera descarga, los voluntarios esperan la indicación del investigador, y lo hacen sin dudar. Pero a medida que los gritos de dolor de los actores, las súplicas y las peticiones de que cesen con aquel experimento que les hace experimentar un sufrimiento insoportable, los voluntarios dudan antes de presionar el botón. El investigador, con sus ojos clavados en los del voluntario y la voz firme, aunque serena, les dice "Continúe", " Aplique la descarga".

Cuando los niveles de desesperación de los actores son insoportable, dos voluntarios deciden abandonar el experimento, pues se niegan a continuar con las descargas.
Los otros tres continúan hasta el final y, si dudan en algún momento, una sola mirada hacia el investigador se convierte en el reforzador que precisan.

Con esta prueba se trataba de demostrar que, siempre que el ser humano, sea capaz de disipar su complejo de culpa, es capaz de cometer todo tipo de acciones, incluso las más horrendas. Trataban así de dar explicación a hechos tan penosos de nuestra historia, como fueron por ejemplo los campos de exterminio nazi, en el que millares de alemanes, con una vida y un modo de ser aparentemente "normales" eran capaces de cometer dichas atrocidades.
La explicación más sencilla es que ellos no se veían como "malos". Podían estar o no de acuerdo con lo que hacían, pero se sentían meros instrumentos al servicio de la maldad de otro. Conseguían eludir su responsabilidad en la acción. "No podían hacer otra cosa".
Afortunadamente, dos voluntarios se rebelaron contra la autoridad y se negaron a continuar con el experimento. Puede que aún quede esperanza...

jueves, 5 de noviembre de 2009


LAS CAZADORAS CAZADAS...

Siempre nos esforzarmos por mostrar lo mejor de nosotros mismos, nuestra cara más amable, nuestra imagen más cuidada.. creyendo que así seremos mas dignos de ser amados y no nos paramos a pensar que tal vez lo que realmente vale la pena que los demás conozcan es nuestra verdadera esencia, naturalmente y sin artificios..


Hey Bobby Marley
Sing something good to me
This world go crazy
It's an emergency



"Con un buen amigo no hay camino largo" (Proberbio japonés)



"La amistad es transparencia,
es franqueza, lealtad,
respeto y sinceridad
en mutua correspondencia.
Es un néctar, una esencia
de incalculable valor,
es el hombro acogedor
donde el alma se desnuda,
y se convierte en ayuda
en el momento peor"
(Antonio Sanchez Marín).

lunes, 2 de noviembre de 2009



Y el hombre se sentó solo, anegado en profunda tristeza.
Pero los animales se acercaron a él y le dijeron: No nos gusta verte tan triste. Pídenos lo que quieras y te lo concederemos.
El hombre dijo: Quiero tener buena vista.
El buitre respondió: Tendrás mi visión.
El hombre dijo: Quiero ser fuerte.
El jaguar añadió: Serás fuerte como yo.
El hombre dijo: Deseo conocer los secretos de la Tierra.
La serpiente replicó: Yo te los mostraré.
Y se fué con los animales.
Y cuando tuvo todos los dones que le concedieron se marchó.
El buho dijo a los demás animales: Ahora el hombre sabe mucho y puede hacer muchas cosas. Eso me da miedo.
El ciervo dijo: El hombre tiene todo lo que necesita. Con ello desaparecerá su tristeza.
Pero el buho replicó: No. He visto un agujero en el hombre. Profundo como el hambre que no se puede saciar. Eso es lo que le entristece y provoca sus carencias. Seguirá cogiendo y cogiendo hasta que el Mundo diga: "Ya no soy nada, nada tengo que dar".

MIEDO.



-Qué has visto en esa gente del bosque?

-No lo entiendo.

-Miedo. Miedo que pudre por dentro, Estaban infectados de miedo, ¿lo viste?. El miedo es una enfermedad. Repta por el alma de quien lo contrae.
Ya ha perturbado tu paz. No te he criado para verte vivir con miedo. Arráncalo de tú corazón. No lo lleves a nuestra aldea...

Apocalypto.