viernes, 20 de agosto de 2010

SIN RUIDOS.


Llevo varias noches acostándome con preocupación.

Cada noche igual. Como un reloj.
Estoy tranquila, me meto en cama y cuando empiezo a dormirme, cuando el nivel de conciencia desciende y aparco el super yo en la mesilla (mis reglas, mis "deberían ser", mis ocupaciones mundanas), un pinchazo enorme sobreviene a mi sien.

Algo no anda bien. Y no se lo que es.

Antes, cuando algo así me sucedía (porque desde siempre, los momentos "de revelación" me acotecen de noche), normalmente lo resolvía con una actuación impulsiva, irracional y en ocasiones arriesgada: yendome a la selva ecuatoriana o haciendo un viaje en solitario a ibiza en primavera. Lo que fuese, pero que provocase un cambio. Que desordenase mi cabeza, que agitase los pensamientos que la atormentaban y se descolocase todo. Para volver a organizarlo de un modo mejor.

Pero ahora siento que debo aquietar mis vísceras. Que debo sentarme a charlar conmigo misma en calma. Apagando todos los "ruídos", tanto los que vienen de fuera como los que yo misma me provoco. Y que impiden que escuche con claridad.

¿Qué es lo que te sucede, Ana?, ¿que no anda bien?. Y lo más importante: ¿qué es lo que realmente quieres?.

Voy a tratar de hacerlo sosegadamente. Tomandome mi tiempo. Y escuchándome atentamente. Sin ruídos.

jueves, 19 de agosto de 2010

miércoles, 18 de agosto de 2010

DESESPERANZA O CLARIVIDENCIA?



"El error está en desear una vida inmóvil. Deseamos que el tiempo se detenga, que el amor sea eterno, que nada muera jamás, para acomodarnos a una perpetua infancia mimada. Levantamos muros para protegernos, pero son esos mismos muros lo que un día se convierten en cárcel"

"Todo está por rehacer. Hay que reorganizarlo todo en esta sociedad. Actualmente los que tienen dinero no tienen tiempo, y los que tienen tiempo no tienen dinero. Librarse del trabajo es tan difícil como librarse del paro. El ocioso es el enemigo público número uno. Se ata a las personas con el dinero: sacrifican su libertad para pagar sus impuestos. No hay que andarse con rodeos: el reto del próximo siglo consistirá en suprimir la dictadura de la empresa"

"Me parece que todo el problema del amor radica en lo siguiente: para ser felices necesitamos seguridad cuando resulta que para estar enamorados necesitamos inseguridad. La felicidad se basa en la confianza mientras que el amor exige dudas e inquietud. Resumiendo, el matrimonio ha sido concebido para hacernos felices pero no para que permanezcamos enamorados. Y enamorarse no es el mejor modo de encontrar la felicidad; si así fuera, ya nos habríamos enterado."

"Todas mis preocupaciones nacen de mi incapacidad pueril por renunciar a la novedad, de una necesidad enfermiza de ceder a la atracción de mil posibilidades increíbles que ofrece el porvernir. Es increíble cómo me excita mucho más lo que no conozco que lo que ya conozco. ¿Acaso soy anormal? ¿Acaso no prefieres un libro que no has leído, ver una obra de teatro que no te sabes de memoria, elegir a cualquier presidente antes que el aque ya gobernaba antes?"

"A menudo nos dicen que, al cabo de cierto tiempo, la pasión se convierte en 'otra cosa', más sólida y más hermosa. Pero esa 'otra cosa' es el Amor con A mayúscula, un sentimiento menos excitante, es cierto, pero también menos inmaduro. Me gustaría ser absolutamente claro: esa 'otra cosa' me toca los cojones, y si el Amor es eso, entonces dejo el Amor en manos de los gandules, de los descorazonados, de la gente 'madura' que vive varada en su comodidad sentimental. Mi amor, el mío, lleva una 'a' minúscula pero tiene amplitud de miras; no dura demasiado pero, por lo menos, cuando está allí lo notas. Su 'otra cosa' en la que les gustaría convertir el amor parece una teoría inventada para poder conformarse con poco, y sentirse más seguros proclamando que no hay nada mejor. Me recuerdan a los envidiosos que rayan las puertas de los coches de lujo porque no tienen medios para comprarse uno igual"

"Nuestra generación es demasiado superficial para el matrimonio. Casarnos es como ir al McDonald's. Luego, hacemos zapping. ¿Cómo íbamos a permanecer toda la vida con la misma persona en la sociedad del zapping generalizado? ¿En una época en que las estrellas, los políticos, las artes, lo sexos, las religiones son intercambiables como nunca lo habían sido? ¿Porqué el sentimiento amoroso iba a ser la excepción a esta generalizada esquizofrenia?"

"Te hacen creer que es para toda la vida cuando, químicamente, el amor desaparece al cabo de tres años. Lo leí en una revista femenina: el amor es un subidón efímero de dopamina, noradrenalina, prolactina, luliberina y occitocina. Una pequeña molécula, la feniletilamina (PEA), provoca sensaciones de alegría, exaltación y euforia. El flechazo es la suma de neuronas del sistema límbico saturadas de PEA. La ternura, un montón de endorfinas (el opio de la pareja). La sociedad miente: te vende el gran amor cuando está científicamente comprobado que, al cabo de tres años, estas hormonas dejan de estar activas"

"¿Cómo he podido permitir que las apariencias dicten mi vida hasta llegar a este punto? A menudo se dice que 'hay que mantener las apariencias'. Yo digo que hay que asesinarlas, es el único modo de salvarse."

Frédéric Beigbeder. "El amor dura tres años".

GRANDES VERDADES...


"La amistad es como la mahonesa: Cuesta un huevo y hay que intentar que no se corte".

Woody Allen.

lunes, 16 de agosto de 2010

LA GENIALIDAD DE LO SENCILLO.


Una anécdota de la vida real de Kafka relatada por Paul Auster en "Brooklyn Follies".

Antes de pasar a reproducir el relato de Auster, os pongo en situación: Falta un año para que el genial Kafka muera de tuberculosis a los 41 años. Tras una vida intensa y angustiosa que incluye la vivencia de la Primera Guerra Mundial y con un pesimismo existencial y unas inquietudes metafísicas y espirituales que lo acompañarían siempre y que se reflejarían en su obra, Kafka ha encontrado por fin algo de paz al lado de Dora Dymant, el gran amor que había anhelado siempre, y que le devolvió brevemente la esperanza.

La siguiente anécdota se recoge en infinidad de publicaciones, pero me gusta como lo cuenta Auster:

“Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva.

Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas.

Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.”

LA AMISTAD...




FILOSOFÍA EN EL AZUCARILLO DEL CAFÉ...


"Toma tiempo para elegir a tus amigos y más tiempo aún para dejarlos"


Benjamin Franklin.