jueves, 29 de octubre de 2009




A cuatro millas de la capital de Senegal, Dakar, se extiende una pequeñísima isla, mejor sería decir un islote, de unos cuantos kilómetros cuadrados: Gorée.
Es conocida como la isla de las bellas mujeres, pero su fama es muy negra, muy anterior y mucho más aterrible.
En Goree estaban las casas de esclavos donde se iban clasificando los desgraciados capturados en el interior del continente africano. Los adultos tenían que pesar un mínimo de 60 kilos. Los niños se valoraban por su dentadura y las jovencitas (lo de vírgenes parece otro mito) por el tamaño de sus pechos.
Los veleros mercantes venían de Europa cargados de baratijas, que usaban para pagar la carne humana, que atiborraban en las bodegas infames e insalubres de los barcos hasta llegar al Caribe, Brasil o al norte de América. Millones de negros capturados por sus propios vecinos negros o por los árabes, que los vendían a los esclavistas.
La esclavitud fue abolida oficialmente en 1848 (aunque continuó existiendo en distintros modos y grados) pero desde entonces Dakar tomó el relevo y fue causa directa de la decadencia de esta isla.
Famosa es la puerta del adiós. Adosadas lleva dos escaleras y se entra en el túnel a partir de donde se embarcaban.
Era la última mirada a su vida anterior, de su casa. Les esperaba el dolor y el sacrificio y en muchos casos -en millones de casos- la muerte antes incluso de llegar.

Este historia terrible no quita que la isla sea preciosa y muy peculiar.

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