miércoles, 1 de septiembre de 2010

GANAS DE REÍR.


A veces un hecho sencillo, que pasa inadvertido, una simple frase, cobra un significado profundo si estás atento y dispuesto a escuchar. Y te brinda una gran lección que, como la tabla de multiplicar, hay que repetir muchas veces hasta que logres interiorizarla y te salga de un modo espontáneo y natural (e incluso sucede que algunas personas como yo, en ocasiones, dudan del resultado,por lo que deben repetirla alguna vez más que el resto).

Llevo una temporada esforzándome en ver el vaso medio vacío, en quejarme y autolamentarme por la vida que llevo. Quejas y lamentaciones absurdas, pero que se retroalimentan entre sí y crecen, pues como reza el proverbio "Si lloras por tí mismo, las lágrimas alimentarán tu dolor".

El caso es que hoy me ha llamado una amiga que recientemente ha sufrido la pérdida de su madre en uno de esos annus horribilis que se antes se llevó a su cuñado (y a postre, uno de los mejores amigos de ella).

Al ver su nombre en la pantala del móvil, esperaba escuchar al otro lado la voz de una persona hundida, con ganas de desahogarse y llorar, pero no fué así.

Está triste, es inevitable, pero su llamada no era de consuelo, sino una llamada para salir del pozo. Me preguntó por mis turnos de trabajo y concertó una cena de amigas para vernos, charlar y reír.

"Tengo ganas de reír", dijo. Y fué una de las frases más inspiradoras que he escuchado. Está mal, pero quiere poner de su parte para dejar de estarlo. Y esa es la actitud de una luchadora, de una valiente que se levanta de una gran caída. Y un ejemplo para las quejicas como yo que nos tiramos semanas enteras buscando excusas para no sonreír.

No hay comentarios:

Publicar un comentario