miércoles, 29 de diciembre de 2010

AÑO NUEVO.


Se acerca el año nuevo. 2011 ya. Ni más ni menos...
No soy mujer de marcarse propósitos cada 31 de diciembre, pero este año es diferente.
2011 será un año de decisiones. Me lo he propuesto.

El año acaba con un disgusto a nivel laboral. Rectifico. Con un revulsivo, una sacudida a nivel laboral que me ha servido para tomar conciencia. Conciencia de lo que vale la pena y de lo que no. De lo que realmente quiero y de lo que no (es curioso, al final, de la bronca con la "bicha malvada sin corazón" va a salir algo positivo).

Estuve seis años trabajando en un centro de menores en Ourense. Luego, se me terminó el contrato y me vine un añito a Pontevedra, al lado de casa. Y de nuevo vuelta a Ourense, al mismo centro y por un período que se prevé prolongado.

Y es increible como ese único año por mi tierra cambió mi lista de prioridades.

Me sirvió para apreciar lo bueno que es poder conciliar la vida laboral con la personal. Lo bueno que es salir de trabajar e ir a visitar a tu abuela, a tus padres, tomarte una clara con los colegas y dar un paseo nocturno a la orilla del río...

Por otro lado, he de decir que aquellos seis años en Ourense fueron fantásticos. Conseguí ir a trabajar sin apenas sentir que "iba a trabajar". Yo iba a pasar la tarde "con mis niños", a hacer cosas con ellos. Y en mis ratos libres, quedaba con amigas (amigas cuyas vidas se han ido complicando con trabajos, niños y cosas más importantes).

Podría volver a quedar con ellas, por supuesto, pero estoy desganada. Desmotivada. Sin ganas ni siquiera de intentarlo. Estos ocho meses que llevo desde mi vuelta no hago más que ver los "aspectos negativos" y sé que es una actitud infantil y que debería dar gracias por tener un buen trabajo en estos tiempos de crisis, pero, por otro lado, tambien creo que puede que sea el impulso, el empujón que me hace falta para ponerme a buscar aquello que anhelo.
Es como una etapa superada. Una etapa muy bonita, como la infancia, pero ahora estoy en otro punto e, igual que no me pondría de nuevo a jugar con muñecas (casi nunca, ejem), siento que volver al mismo lugar supone más un estancamiento o una regresión que un paso adelante.

Puede que me salga mal. O puede que no. Puede incluso que, si lo logro, después no me haga tan feliz como creo.

Conociéndome, puede que sea feliz asentándome en un sitio o puede que a los seis meses, decida dejarlo todo e irme a una selva perdida del amazonas.

Pero de eso va la vida, no?. Ensayo-Error. Caerse, levantarse, caminar, tropezar, acertar, volver a caer y de nuevo arriba...

No sé si es una locura lo que pienso o la idea más lúcida que he tenido nunca.

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