lunes, 15 de febrero de 2010

Rosa Parks



















Estados Unidos perdió el 24 de octubre de 2005 a uno de los símbolos más emblemáticos de la historia de los derechos civiles. Rosa Parks, la mujer negra que se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco en 1955, falleció en su casa de Detroit a los 92 años de edad. Familiares y amigos indicaron que Parks, que sufría demencia senil desde 2002, murió mientras dormía.

La humilde costurera desafió a la racista Alamaba e impulsó con su gesto el movimiento que extirpó la segregación en EE UU. Parks relató en su biografía «Mi historia» que no era consciente de lo que estaba iniciando cuando decidió no moverse de su asiento aquel primero de diciembre de 1955 en Montgomery.

Su arresto llenó de coraje a la comunidad negra de esta ciudad. Unidos, boicotearon los autobuses durante 13 meses hasta que el Tribunal Supremo de EE UU, la máxima autoridad judicial del país, declaró inconstitucionales las deleznables leyes «Jim Crow» por las que los negros eran ciudadanos de segunda clase. Su arresto también impulsó manifestaciones masivas, que hicieron famoso a Martin Luther King y transformaron a la sociedad norteamericana.

Amenazas de muerte

A Parks, una trabajadora educada y humilde le tocó sufrir las injusticias del día a día en los años de la segregación racial. Fue testigo de las reglas del transporte urbano y las restricciones de acceso a los lugares públicos. También de los linchamientos y persecuciones de personas negras. Nacida en 1913 en Tuskegee, Alabama, Parks era la hija de un carpintero y una profesora que se separaron cuando era muy joven, así que acabó viviendo con sus abuelos maternos. Creció en una época donde la segregación se imponía de forma violenta. De adulta recordaba cómo su abuelo se apostaba en la puerta de casa armado con una pistola mientras el Ku Klux Klan desfilaba por delante.

Con los años fue desarrollando una mayor rebeldía ante los atropellos contra la dignidad humana. Parks logró graduarse en el instituto, cuando sólo el 7 por ciento de los negros lo lograban. Y casi a la vez consiguió registrarse para votar, eso sí, al tercer intento. El día que decidió no ceder su puesto en el autobús lo hizo a sabiendas de lo que significaba en esa época donde los derechos civiles luchaban por abrirse paso. Las leyes Jim Crow reservaban las primeras cuatro filas de los autobuses urbanos a los blancos y las últimas diez a los negros. Los asientos del medio podían usarse si uno era negro, pero sólo si ningún blanco lo requería. En el caso de que un blanco quisiera sentarse, la fila entera tenía que levantarse. Además, los negros, el 70 por ciento de los que cogían el autobús, estaban obligados a pagar en la parte delantera del autobús, pero luego tenían que salir y volver a entrar por la puerta de atrás. Parks trabajaba entonces como costurera para el departamento de bomberos de Montgomery. Aquella tarde que esperaba el autobús en la Avenida Cleveland dejó pasar uno porque estaba muy lleno.

En el siguiente, Parks ocupó uno de los sitios del centro y cuando entró un blanco todos los negros se levantaron de la fila menos ella. Cuenta en su libro que la gente piensa que «no cedí mi puesto porque estaba cansada, pero no es cierto. No estaba más cansada que cualquier día de trabajo. Tampoco era una persona mayor, tenía 42 años. De lo que estaba cansada era de ceder». La victoria legal y moral en la Corte Suprema no mejoró, sin embargo la vida de Rosa Parks. Perdió su trabajo y cansada de las amenazas de muerte acabó mudándose en 1957 a Detroit. En esta ciudad, entre 1965 y 1988, trabajó como asistente del representante Demócrata por Michigan John Conyers. Hoy, un museo-biblioteca en la esquina de Montgomery, donde Parks subió a aquel autobús, lleva su nombre.

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