lunes, 5 de abril de 2010

El árbol
no va ni viene,
no escoge sus compañías,
le ofrece sombra, cobijo y alimento a cualquiera.

No retiene a nadie,
sigue escrupulosamente el ritmo de la naturaleza,
desnudo en invierno,
florecido en primavera,
generoso en verano,
abandonado en otoño.

Su espíritu permanece en paz,
unido íntimamente a la tierra,
lanzado tenazmente hacia la luz.

Es libre.

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