jueves, 3 de diciembre de 2009









































La palabra "Ángel" deriva del griego "Angelos" y de la palabra hebrea "Malak". Ambas significan "mensajero", y es el nombre genérico de un grupo colectivo de seres, ciudadanos del espacio interior, cuyas responsabilidades incluyen la organización armoniosa del universo habitado.

Los ángeles son seres inteligentes, capaces de sentir, no tienen sexo.
Son una especie diferente a la especie humana. Existen en una frecuencia vibratoria levemente más fina que aquella con la que nuestros sentidos físicos están afinados. Esto significa que no podemos percibirlos comunmente con nuestros ojos y oídos, pero ellos sí pueden percibirnos a nosotros. Nuestras realidades se interpenetran mutuamente y la de ellos abarca y envuelve la nuestra.

En mi modesta opinión, no sólo nos rodean ángeles incorpóreos. A nuestro lado, tenemos ángeles de carne y hueso que habitan en nuestra misma frecuencia vibratoria y que velan por nosotros.
Es el amigo, el hermano que nos conoce bien. Que nos percibe y que sabe antes que nosotros mismos cuando precisamos su ayuda. Que nos cuida, que nos mima y nos protege.
Que nos ayuda a abrir los ojos y sujeta nuestra espalda para ayudarnos a no caer. Y si alguna vez nos pasa. Si alguna vez tropezamos y nos caemos, él está ahí para tendernos la mano. Sin preguntas. Sin reproches. Sólo una mano segura y firme que nos devuelve la confianza y la fé en la especie humana.
Tenemos que entornar bien los ojos y abrir nuestro corazón para ser capaces de vislumbrar su luz. Están a nuestro lado.

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