miércoles, 2 de junio de 2010

VACACIONES DE UNO MISMO.


Siempre me ha llamado la atención (y me ha gustado) ver cómo se comportan las personas cuando están de vacaciones.

Como la intachable madre y mujer trabajadora alemana se convierte en una stripper-reina-de-la-fiesta en Mallorca.

Como el homosexual encerrado en el armario de su pueblo de Huesca sale a pasear por Amsterdam cogido de la mano de su novio.

Como la trabajadora social responsable se transforma en una hippie-chic en Ibiza.

Y se me pasa por la cabeza una pregunta: ¿Sómos realmente tal y como nos mostramos al mundo y en vacaciones sólo nos desfasamos un poco o es que vivimos muchas veces atrapados en una mentira o reprimidos y necesitamos sentir el soplo de la libertad en nuestra nuca para convertirnos en nosotros mismos?

Porque hoy en día, a pesar de que siguen existiendo infinitos prejuicios sociales y de que a menudo nos convertimos en jueces de las vidas de los demás, lo cierto es que vivimos en una época en la que se supone que cada uno de nosotros puede vivir a su manera, respetando unas mínimas reglas de convivencia pacífica y dentro de las posibilidades que cada uno tenga, pero haciendo aquello que le guste y que le haga feliz..

Entonces, ¿por qué no lo hacemos? y, lo que es peor, ¿realmente, estamos viviendo la vida que deseamos vivir?.

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