lunes, 30 de noviembre de 2009

PERDONA...




































Cuando uno mete la pata, debe tener la humildad suficiente para entonar el "mea culpa" e implorar el perdón de la persona ofendida, especialmente cuando se trata de alguien a quien se quiere.
Es fácil equivocarse y, aunque debemos aprender de nuestros errores, ya se sabe que el hombre (y la mujer) es capaz de tropezar más de dos veces en la misma piedra.
Por ello, sólo nos queda la esperanza de no haber causado un daño irreparable y de que la persona dañada encuentre en su corazón la generosidad suficiente que redima nuestra culpa.
Desde aqui, mis perdones más sinceros a todos aquellos a los que he podido hacer daño sin proponermelo.

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