domingo, 15 de noviembre de 2009

CUENTOS PARA UNA TARDE DE LLUVIA: LOS ORÍGENES DE LA LEYENDA DE DRÁCULA...




Hay dos aspectos de mi personalidad que ponen de manifiesto lo contradictorio que puede llegar a ser un ser humano: Por un lado, me ATERRORIZAN las películas de terror. Siendo consciente de que se trata de una ficción, de que los personajes son actores que cobran 10 veces más que yo y que la sangre es en realidad ketchup, no puedo con ellas. La contradicción radica en que, al mismo tiempo, soy incapaz de no verlas. Especialmente, las de vampiros. Creo que no he dejado de ver ni una sola de las decenas de películas que con esta temática se han estrenado en los últimos 15 años. Y siempre con idéntico resultado: Un miedo enorme y la sensación de tener la respiración del no muerto sobre mi cuello cuando estoy en cama.
Hace unas semanas, una amiga que estuvo en Transilvania el año pasado (y que me obsequió con una taza-busto de Vlad el Empalador, que por supuesto, me gusta y me asusta en igual medida; me habló de los orígenes de la leyenda de Drácula, que bebe de dos fuentes: por un lado, del archifamoso Vlad el Emperador, fuente de inspiración para el vampiro y de otra, de la condesa Elisabeth Báthory, menos conocida pero igual o peor de sangruienta... ¡Ojo! No sigas leyendo si eres igual de impresionable que yo...

Elizabeth Báthory

Nació en Hungría en 1560. Se la conoce como la condesa sangrienta y es la mayor asesina en serie de la historia. Hija de nobles, se casó con un cruel guerrero al que había sido prometida a los 11 años. Su regalo de bodas fue el Castillo de Cachtice, en los Cárpatos, que estaba rodeado por un pueblo de campesinos y agricultores.

Como su marido mataba el tiempo fuera de casa guerreando contra los turcos, Elizabeth se hizo amante de un campesino, aunque la relación tuvo que terminar cuando el marido regresó a casa. Entonces, Elizabeth se dedico conseguir favores sexuales de sus doncellas, pero añadiendo el sadismo a sus prácticas. Según se sabe, tenía un mayordomo enano y tres amigas, Dorotea, Szentes y Darvulia, que colaboraban en todo lo necesario para que la condesa pudiera torturar a gusto a sus víctimas en los calabozos del castillo.

En 1600 enviudó. Solo tenía cuarenta años pero comenzó a obsesionarse con la vejez y la pérdida de la belleza. Fue entonces cuando un hecho fortuito terminó con la poca cordura que tenía Elizabeth Bathory.

Según la leyenda, una de las doncellas estaba peinando a la condesa y tiro de su pelo. La condesa le pegó un bofetón que hizo sangrar a la muchacha y algo de sangre salpicó la mano de Elizabeth, que se convenció de que la piel regada con la sangre de la doncella había recuperado la tersura de su juventud. Este “descubrimiento” hizo que degollara a la muchacha y llenara una tina con su sangre para bañarse en ella.

La experiencia debe haber sido buena, ya que se dedico con ahínco a ese pasatiempo: repitió la operación con la sangre de otra muchacha y luego con otra y otra, y otra más. Convencida de que había descubierto el secreto de la eterna juventud, se daba a diario baños de sangre, como quien se da una ducha.

Se sabe con certeza que comenzó a matar muchachas jóvenes en 1585 y continúo con ese hobby hasta 1610. Con el tiempo fue incrementando la brutalidad de sus torturas y crímenes. Torturaba a niñas y jóvenes, generalmente campesinas aunque más tarde, perdidos todos los limites, llego a asesinar a las hijas de nobles que eran enviadas a su castillo para ser educadas.

Como era de esperar, las sospechas sobre sus actividades comenzaron a surgir en el pueblo, por lo que comenzó a enviar a sus secuaces a otras regiones para que le proporcionaran chicas. Los rumores se extendieron por toda Hungría y Elizabeth comenzó a secuestrar a jóvenes para seguir con sus pasatiempos.

El 29 de diciembre de 1610 tomaron su castillo por asalto y sorprendieron a Elizabeth torturando a varias jóvenes. Entre los hallazgos se encontró un aparato de tortura consistente en una jaula de pinchos que se cerraba sobre a sus víctimas, que se desangraban lentamente. Báthory y sus cuatro colaboradores fueron acusados de torturas y asesinato, por lo que Elizabeth fue emparedada en un cuarto de su castillo con sólo una ranura por la que le pasaban algo de comida y agua. Murió ahí dentro cuatro años más tarde.

El Conde Drácula

Vlad Tepes, más conocido como el Conde Drácula, vivió en Transilvania en el siglo XV. No tuvo lo que se dice una infancia feliz, que puede resumirse fácilmente: los turcos lo tomaron prisionero como una especie de seguro humano que les garantizaba que el padre de Drácula no les atacaría.

Después de muchas idas y vueltas, recuperó su libertad, y decidió tomar venganza contra los turcos. Digamos que hasta aquí no es una historia demasiado original, lo que hace única la vida del Conde es su temible sadismo.

Su método favorito para matar a sus enemigos era el empalamiento en una estaca de madera o hierro, hecho que le valió el sobrenombre de “Vlad el Empalador”. Existe incluso un grabado alemán de 1499 lo muestra festejando en medio de los cadáveres empalados. Para darnos una idea de la magnitud de su venganza (o locura), valga el siguiente dato: se suponer el número de víctimas empaladas, quemadas o incluso desolladas vivas durante su corto reinado de 12 años se estima entre 50.000 y 100.000.

Se consideraba un verdadero artista en su especialidad, y desarrolló algunos “sutiles refinamientos” como mandar a engrasar la punta de las estacas para prolongar así la agonía de sus ejecutados. En algún momento se cansó de repetir el tema del empalamiento, así que comenzó a utilizar métodos como clavar clavos en la cabeza de las víctimas, cortarles los labios, cegarlos, estrangularlos, quemarlos vivos, cortarles narices y orejas, mutilarles los órganos sexuales, arrancarles la cabellera o la piel, hervirlos vivos o cualquier otra locura.

Su sadismo y locura no conocieron limites: crónicas locales dan cuenta de que un día Vlad le pregunta a un amigo que piensa del bosque, lugar el cual se encontraban un sin fin de personas empaladas. El amigo respondió diciendo que “que el lugar huele un tanto mal..." Entonces Vlad lo empaló y le pregunto: "¿desde ahí arriba huele un poco mejor?".

Drácula no quería hijos que pudieran desafiar su poder. En una ocasión una de sus amantes le confesó que estaba embarazada, suponiendo que Drácula se alegraría de oír esa buena noticia. Pero Drácula no se alegró: tomo un cuchillo y la abrió en canal para que todo el mundo pudiera ver donde se encontraba su hijo.

Vlad disfrutaba realmente de las ejecuciones. En una oportunidad mandó poner una mesa, con un banquete, delante de sus víctimas empaladas, para disfrutar de una lenta cena en medio de ese paisaje de muerte.

Hay cientos de anécdotas terribles. A un lugarteniente que se negó a matar a un prisionero lo hizo cocer en caldero y lo dio a comer a sus ciudadanos. Llegó a arrancar del pecho de una madre al bebé que estaba mamando para estrellarlo contra una roca, ante ella.

Murió durante una batalla contra los turcos a fines de 1476. Drácula se disfrazó con el uniforme de un soldado turco para poder inspeccionar mejor el campo de batalla. Pero unos soldados suyos no lo reconocieron y lo atacaron. Drácula mato a cinco o seis soldados, pero terminó vencido.

La vida de estos dos temibles personajes han dado origen a las leyendas de vampiros, pero realmente existieron, y si bien no eran seres de otra raza que morían al a luz del sol, fueron verdaderas bestias sangrientas que sembraron el terror entre quienes tuvieron la desgracia de vivir en esa época y región.

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